El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en pisar la Luna.

Al menos, eso dice la historia.

Emocionados, millones de personas siguieron la hazaña a través del televisor.

Entre todos los niños que en ese momento soñaban con volar al espacio, estaban los gemelos Scott y Mark Kelly, que tenían cinco años.

Pero Scott no se imaginaba que su sueño se convertiría en realidad.

Y con creces. Puesto que casi  medio siglo después, se convirtió en el primer estadounidense en pasar casi un año en el espacio.

El 27 de marzo de 2015 llegó a la Estación Espacial Internacional (EEI) con la misión de pasar 340 días allí y determinar si el cuerpo humano podría soportar un viaje a Marte.

El propósito era ver cómo respondía el cuerpo después de estar sometido a la ingravidez, la radiación y los niveles elevados de dióxido de carbono.

La NASA estudió cómo el viaje afectó a su salud comparándola con la de su hermano gemelo, que se quedó en la Tierra.

Viajar al espacio provoca una pérdida de masa muscular, problemas visuales y trastornos del ritmo circadiano.

En el caso de Kelly, también tuvo sus efectos positivos:

Sus telómeros, las ligaduras que unen los cromosomas, se han alargado con respecto a los de su hermano. Esto quiere decir que volvió más alto.

Y al parecer, mucho más sabio.

¿Cómo es vivir tanto tiempo en el espacio?

“Bastante rutinario”, dice Kelly, ingeniero de vuelo y comandante de misión en su libro Resistencia.

Según el astronauta, cuando das una vuelta completa a la Tierra cada 90 minutos es difícil definir cuánto dura un día, ya que la mayoría de los períodos de 24 horas son parecidos.

Un año en el espacio narra los 520 días que vivió fuera de nuestro planeta.

Sin poder salir de la nave y sin ocio merecedor de tal nombre, el principal entretenimiento del astronauta acaba siendo ver pasar la Tierra, simplemente… y tomar maravillosas fotografías.

En la víspera de la Navidad, recuerda haber dirigido la mirada hacia abajo y ver los fuegos artificiales en la Tierra, unas minúsculas motitas de luz.

También le resultaba desolador ver la degradación ambiental causada por los humanos.

¿Qué aprendió Kelly después de vivir 520 días en el espacio?

Aprendió  a valorar las pequeñas cosas: que la hierba “huele de maravilla”, que sentir el viento es “asombroso” y que “la lluvia es un milagro”.

 

Share
Categorías: Asombroso


Video Destacados

Ad will display in 09 seconds

DESTACADAS Ver más