El monje Ji Gong fue un personaje muy característico de la historia China, aunque sus actitudes no se correspondían cien por ciento con las exigencias monásticas de aquel periodo, sus acciones siempre guardaban enseñanzas profundas que instaban a la gente de aquella época a elevar sus corazones a la benevolencia y dejar de lado los malos comportamientos.

En algunas ocasiones fingía estar loco para poder ver los corazones de la gente y así saber como ayudarles a cambiar. Él podía saber que pensaban quienes pasaban por grandes angustias y quienes no tenían rectitud en sus intenciones, por eso Ji Gong pudo ayudar a muchas personas que pasaban por diferentes padecimientos.

En una ocasión Ji Gong llegó a la pequeña choza de un artesano de abanicos que vivía con su esposa, allí le preguntó al artesano si podía arreglar un abanico que estaba destrozado. El artesano, quien ya estaba muy anciano y por esos días no contaba con nada de dinero, le dijo al monje que si podía repararlo.

Cuando Ji Gong se fue, la esposa del artesano le preguntó cómo iba a arreglar el abanico tan dañado, a lo que respondió el artesano que le haría uno nuevo. Cuando volvió el sabio Ji Gong a la choza para reclamar su abanico los ancianos le dieron uno nuevo que tenía parecidos al destrozado abanico, en ese momento Ji Gong sacó de su cazalla un lingote de plata, bendijo a los artesanos y les dijo que si se seguían esforzando en hacer bien su trabajo nunca más pasarían hambre.

Cada momento que se relata sobre este monje, que se hacía pasar por loco y que pasó por momentos muy especiales, deja buenas enseñanzas. Nuestro vídeo de hoy habla de algunas de esas aventuras, te invitamos a verlo y a compartirlo.

videoPlayerId=f5b554a58

Ad will display in 10 seconds

Share
Categorías: Historias

Video Destacados

Ad will display in 10 seconds

DESTACADAS Ver más