Una impresionante imagen fue capturada por el telescopio espacial Hubble de la NASA, en la cual se muestra a la nebulosa planetaria NGC 3918, una brillante nube de diferentes colores formada de gas en la constelación del Centauro, a unos 4 900 años luz de la Tierra.

Aunque muchos no lo saben, originariamente este telescopio fue diseñado para ayudar a los astrónomos de una limitación que les había afectado desde los días de Galileo: la atmósfera de la Tierra.

Esto es debido a que las cambiantes bolsas de aire de la atmósfera bloquean y distorsionan la luz, limitando la visión incluso de los instrumentos más potentes destinados a usarse en la Tierra.

Hoy en día, es uno de los telescopios más famosos del mundo, el cual logró alcanzarnos las diversas imágenes famosas que conocemos sobre el espacio exterior, y que contribuyeron a un gran avance en el conocimiento sobre lo que existe en el basto Universo observable.

Gracias a las imágenes registradas, desde la NASA explican que “el centro de la nube es de gas y está completamente empequeñecido por la nebulosa, en la cual contiene dentro los restos moribundos de una estrella gigante roja”, dando los detalles que fueron recolectados desde su investigación.

También aclaran que “durante la fase convulsiva final en la evolución de estas estrellas, enormes nubes de gas son expulsadas de la superficie de la estrella antes que emerja de su capullo como una enana blanca”, aclarando así el proceso y las fases que tienen las estrellas en su formación.

Por otra parte, la intensa radiación ultravioleta de la diminuta estrella remanente hace que el gas circundante brille como un signo fluorescente, haciendo que el resultado final sea una imagen extraordinaria y colorida de nebulosas planetarias que se encuentran entre las vistas más espectaculares del cielo nocturno, y a menudo tienen formas extrañas e irregulares, que aún no están completamente explicadas en estos tiempos.

Los estudios del objeto sugieren que la forma ocular distintiva de NGC 3918, se debe a que ambas nebulosas fueron formadas al mismo tiempo, pero están siendo sopladas desde la estrella a diferentes velocidades.

Es por eso que la NASA estima que “los potentes chorros de gas que emergen de los extremos de la gran estructura se disparan desde la estrella a velocidades de hasta 350.000 kilómetros por hora”, y nos revelan que “según los estándares de los fenómenos astronómicos, las nebulosas planetarias como NGC 3918 tienen una vida muy corta, con una vida útil de sólo unas pocas decenas de miles de años”.

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Categorías: Asombroso


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