El 24 de mayo del corriente año, el diario alemán Bild, reportó la muerte de Gudrun Burwitz, de 88 años de edad.

Gudrun Burwitz era la hija de Heinrich Himmler y había trabajado durante dos años en la agencia de inteligencia extranjera de la Alemania Occidental.   

El historiador y jefe de la agencia, Bodo Hechelhammer, confirmó al periódico germánico que Burwitz había ocupado el puesto de secretaria bajo un nombre falso a principios de la década de los sesenta.  

De acuerdo con la BBC News, en este contexto, organizaciones e instituciones alemanas como el BND, han discutido y “están comenzado a reconsiderar” cómo abordar sus propios vínculos nazis en la era de la posguerra.

La cuestión es que Burwitz jamás repudió del nazismo, por el contrario, fue leal a sus “principios” y estuvo orgullosa de su historia y su vinculación con el mismo hasta el final.

Incluso asistió a eventos y manifestaciones neonazis.

Aunque visitó un campo de concentración, negó la existencia del Holocausto y, en los últimos años, ayudó a proporcionar dinero y consuelo a ex nazis

Durante toda su vida, militó en la política de extrema derecha de Alemania, donde algunos medios la apodaron “la princesa nazi”.

Mientras se desempeñaba como ama de casa de Münich y madre de tres hijos, era miembro prominente de Stille Hilfe, (Vida tranquila), una red mundial para asistir en materia legal y financiera a ex integrantes de la SS.

Como sabes, la SS asesinó a millones de judíos, polacos, prisioneros de guerra soviéticos, romaníes y otros clasificados como “racialmente inferiores” durante el holocausto.

En 1945, Himmler se suicidó después de ser capturado por los británicos para evadir ser juzgado por crímenes de guerra.

Hasta su último momento sobre la Tierra, “la princesa nazi” defendió la conducta y el honor de su padre, el arquitecto del Holocausto y el funcionario de más alto rango de la Alemania nazi después de Adolf Hitler.

En la única entrevista que concedió, en 1959, subrayó su deseo de cambiar la reputación de su padre ante la historia.

“Mi padre es visto hoy como el genocida más grande de la historia. Quiero intentar cambiar esa imagen”, expresó.

Es muy posible que su gran fidelidad haya sido recompensada y que ahora se encuentre donde corresponde, junto a su padre, en el lugar adonde, para ingresar, hay que abandonar toda esperanza, como escribió el Dante.

 

 

 

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Categorías: Historias


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