En el presente, aún quedan una gran cantidad de islas desiertas.

Algunos de estos lugares nunca fueron habitados por estar situados en localizaciones geográficas de difícil acceso o con condiciones medioambientales  desfavorables.

Sin embargo, también existen territorios que toda la humanidad, en un momento determinado, empezó a evitar por cuestiones mucho más preocupantes:

Por ejemplo, la aterradora la Isla de Gruinard.

Situada aproximadamente a un kilómetro de la costa noroeste de Escocia, esta pequeña isla que parece tan tranquila es uno de aquellos lugares que la gente ha intentando olvidar desde hace muchos años.

Durante la Segunda Guerra Mundial,  las fuerzas británicas, preocupadas por un posible ataque biológico o químico por parte de los alemanes, comenzaron a probar armas químicas en este territorio insular.

Estamos hablando nada más y nada menos que de ántrax., una sustancia absolutamente mortal.

En 1942, la entonces serena y amigable Isla de Gruinard fue elegida como sitio de pruebas por el gobierno británico y ordenó la evacuación de todos los isleños.

Para llevar a cabo dichas pruebas, los científicos e investigadores trasladaron a 90 ovejas a la isla y las expusieron a unas esporas portadoras de la cepa del ántrax Vollum 14578, una variante tan peligrosa como contagiosa.

Las ovejas no tardaron en morir.

Finalizada la guerra,  el propietario original de la isla solicitó al gobierno la devolución del territorio del que había sido desalojado.

Pero el gobierno advirtió que el terreno estaba contaminado  y declaró a la isla en cuarentena.

Así fue como el acceso al público de la Isla Gruinard estuvo prohibido durante décadas enteras.

Hasta que en  1981, un grupo de microbiólogos decidió que la situación había llegado demasiado lejos, así que embarcaron en un buque y comenzaron la Operación Cosecha Oscura (Operation Dark Harvest).

Este proyecto consistió en extraer de forma clandestina unos 140 kilos de tierra infectada en pequeñas muestras de la isla y amenazar al gobierno con dejarla en lugares estratégicos de las sedes gubernamentales si no se arreglaba el problema con la contaminación de la isla.

El trabajo de descontaminación se extendió hasta 1990, momento en que la isla fue declarada nuevamente habitable.

Una semana más tarde, los herederos legales del propietario inicial la compraron por su precio original de 500 libras esterlinas.

Parece que el hombre ansía por sobre todas las cosas retornar a su hogar, aunque este haya sido convertido en un lugar donde se siembra la  muerte y el horror.

La pregunta que cabe hacerse es si verdaderamente fueron sustraídos todos los restos de ántrax.

Y esto sólo el tiempo lo dirá.

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Categorías: Mundo


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