En medio de un idílico bosque canadiense, este valiente y trabajador hombre ha construido su propia casa.

Usando herramientas manuales, sin energía eléctrica, ni gas o algún otro implemento mecánico, salvo sus propias manos, sentido común y gran ingenio.

Cumple con el sueño que muchas personas han acariciado durante años. Sí, no es tan fácil ya que requiere conocimientos básicos, gran habilidad, mucho esfuerzo y perseverancia, además de una buena predisposición a dejar las comodidades del mundo moderno.

Hay algo de arquetípico en la aspiración de construir nuestra propia casa, de ser independientes, de lograr que surja esa fuerza interior que nos haga autosuficientes en todos los órdenes.

Muchas personas han regresado al estilo de vida primitivo típico del campo, donde el sustento se obtiene a fuerza de músculos y trabajando en una granja, criando animales y cultivando cuanto sea necesario.

¿Será necesario? ¿será preferible? de todos modos este ingenioso leñador nos enseña cómo se da vida a las aspiraciones auténticas, a través de la decisión oportuna y los esfuerzos encaminados al logro de lo propuesto.

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Categorías: Historias


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