Así como los ríos, todos los pensamientos y deseos también llegan al mar. Nunca es tarde para el universo, que concede regalos hasta el último minuto de nuestras vidas.

Tal fue lo que ocurrió con Enid Marie Weide. Nacida en el año 1927, vive actualmente en California y Nueva Jersey, Estados Unidos. Tras la muerte de su esposo Edwar, en 2014, comparte la convivencia con sus dos hijos, que residen en respectivas ciudades. 

Un día, Enid pidió que sus cenizas se mezclaran con los restos de su esposo y se esparcieran en el mar. Jeanne, una de sus hijas, contó a través de Facebook que su madre le había dicho: “haría feliz a tu papá que nuestras cenizas vayan al mar, y de paso finalmente podría conocer el mar”.

Con 90 años, Enid se había resignado a la idea de llegar a contemplar un horizonte marino. Sobre todo porque había empezado a usar un andador para poder trasladarse. Pero su hija, en un puente directo con el corazón y la voluntad de su madre, compartió su conversación con familiares y amigos.

El abrirse desde la incondicionalidad, le brindó respuestas inmediatas. Llegó una solución: consiguieron entre todos una silla de ruedas acuática para concretar el sueño de esta anciana.

Las imágenes que descubre el video son realmente conmovedoras. ¡Tan esperado había sido aquel día! El mar, en su magnificencia, se desplegó ante los piececitos traviesos de Edin, que los hizo chapotear con las olas que se le acercaban a saludar.

Estas escenas captaron las risitas de todos los familiares presentes que, vueltos nuevamente niños, se escuchaban volar felices junto al murmullo del mar. El amor hacia una madre es el mejor regalo que se le puede brindar, ¿qué mejor que la vida para podérselo manifestar?

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Categorías: Historias


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